El tema que he narrado en mis últimos post sobre sexismo,
tocan el tema del acoso callejero y la violencia, ya que este es un aspecto de
la discriminación de la mujer que refleja las claras diferencias que se
establecen en una sociedad; es donde “explota”, a veces sin control alguno la naturalización
de los roles de género, y donde los hombres criados con esos “ideales” exigen
de la mujer que se subordine a su papel, mediante el uso de golpes, acosos
sexuales, tratándola como un objeto. En mis relatos es posible ver como la
violencia, en un caso, proviene de una persona que se supone quiere y respeta a
su pareja, pero por la “pasión” desencadenada a partir de los celos, no puede controlarse, exigiéndole que
lo entienda, que su reacción es prácticamente lógica.
En la otra situación igualmente grave, es aquella que le
ocurre a mi amiga en la micro, cuando es acosada por desconocidos, menores que
ella los cuales terminan manoseándola sin ningún pudor, y sin que nadie haga
algo. En este caso, el hecho de que nadie haya hecho nada, si bien puede ser por
temor a ser asaltado o herido por estas personas, me parece que en un
porcentaje importante (y esto es lo grave también), la gente tiende a
manifestar que la persona acosada tuvo mala suerte, o lo que es peor aún, esta “se
lo buscó” por andar provocando a los hombres por la forma en que se viste, se
mueve, e incluso se expresa.
Siguiendo estos relatos, es posible observar claramente como
la población va integrando dentro de sus lógicas, la socialización sexista establecida
desde la infancia en la familia y colegios, haciendo claras diferencias en cuanto
al comportamiento debido, tanto para hombres como para mujeres, desde la forma
de expresarse (las mujeres no deben decir groserías, los hombres no lloran, etc.)
hasta la forma en que estas debe aportar a la sociedad, siguiendo las labores
para las que están “mejor hechas”. Es cuando a los niños se les dice que las
mujeres son más débiles que los niños, o más apasionados, hecho que a mí
entender, marcarán posteriormente a una gran parte de los abusadores, usando
como plataforma esta cristalización de las características innatas, para de
alguna forma justificar su accionar sexista.
Es por ello que se hace primordial establecer la igualdad de
género desde la pequeña infancia, excluyendo del aprendizaje de los niños y
niñas todas aquellas actividades que hagan esta diferencia (las mujeres no
juegan a la pelota, los hombres son mas rápidos, etc.). Por otro lado y
siguiendo esta lógica, las familias se hacen necesaria en esta tarea de criar
niños sin aquellos prejuicios. Los niños son sin duda fiel reflejo de los que
pensamos los adultos. Es por eso que establecer como reglas inamovibles, por
ejemplo, los colores femeninos, los juegos masculinos, y las características innatas
de cada género, provocarán un adulto rígido mentalmente. Muchas veces se ha
escuchado aquella frase “yo soy así, y nada me va a cambiar”.
Además de esto, creo que es importante sin duda, realizar
clases de educación sexual en los colegios, que no comiencen en jóvenes de educación
media, cuando lamentablemente ya muchos de los estereotipos están incorporados,
sino que tengan como foco el acompañar el crecimiento de los niños desde
pequeños, para así crear en la conciencia de las personas claridad en cuanto a
estos temas, y no como ocurre hoy en día que muchas veces los jóvenes terminan “conociendo”
su propio cuerpo a través de sus amigos, lo cual lleva irremediablemente a un círculo
vicioso, en donde la reproducción de los roles de género se establecen mediante
el prejuicio y la desinformación.
Finalmente, analizando lo que se ha realizado a lo largo de
este semestre en la escritura de los blogs, se ha tornado un ejercicio
necesario el escribir estos relatos. Necesario porque siguiendo con la línea de
los párrafos anteriores, todos venimos de distintos hogares, formas de crianza
y colegios, con más o menos sexismo y prejuicios, por lo que darse cuenta que
uno como sujeto no posee experiencias únicas y exclusivas en cuanto a estos
temas, crea conciencia alrededor de una problemática que es gigante, y
lamentablemente bastante recurrente. Nosotros como futuros sociólogos, debemos
sin duda tener mentes más flexibles, entendiendo que mucho de lo que pensamos y
sentimos (y lo que escuchamos) no proviene de forma natural. Es decir,
desnaturalizar aquellas conductas que desde pequeños, nos dijeron que eran “así
porque así deben ser”. Sin duda esta labor crítica es parte fundamental del sociólogo,
tanto para investigar a la sociedad, como para preguntarnos sobre nosotros
mismos.
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