El acoso callejero pareciera estar tan naturalizado dentro de nuestra sociedad que no existe conciencia sobre los impactos que se generan a partir de tales prácticas. El acoso callejero es una forma de violencia que aún no se reconoce y que además, para las víctimas resulta muy difícil de denunciar, puesto que, alzar la voz frente a situaciones donde personas ejercen este tipo de violencia invisible es complejo, por el motivo que no está concientizado como una forma de agresión y en muchas ocasiones se prefiere optar por el silencio.
En particular el acoso sexual callejero hacia mujeres, es la forma de violencia más recurrente que padecen las mujeres cotidianamente, y a pesar de ello, las autoridades del país aún no han legislado sobre tal problemática, existiendo solamente una propuesta de proyecto de Ley contra el Acoso Callejero que tiene sanciones punitivas económicas -multas- en caso de agresiones sexuales sin contacto físico y penas mayores para casos donde el acoso sea de tipo físico.
Sin embargo, ¿sancionar punitivamente conductas este tipo que están tan arraigadas -lamentablemente- en la ciudadanía es efectivamente una manera de erradicar este perfil de violencia?, ¿por qué no tomar medidas de acción donde el foco de intervención, en términos culturales, sea erradicar el machismo?. A mi juicio, se deben replantear y reformular los roles que se han asignado arbitrariamentetanto hombres como mujeres, en el sentido que al existir prácticas y conductas de acoso sexual en diversos ámbitos: amigos, familia, trabajo, y principalmente en la calle, las mujeres se retraen de los espacios públicos y a su vez, se vuelven más dependientes de los hombres, se sienten más seguras y protegidas caminando en las calles junto a un hombre que pueda defenderlas, ¿qué es esto si no más que un poderoso mecanismo de control social?.
En este sentido, el acoso sexual callejero es una forma cotidiana de reproducción de las desigualdades de género, es una forma de violencia culturalmente aceptada y validada por los ciudadanos. Se cree que emitir sonidos como silbidos, decir "piropos", mirar lujuriosamente, entre otras, es una forma de "alagar" a las mujeres. Y claramente no se toma el peso de lo que este tipo de acciones puede generar en muchas mujeres, que tras sufrir estas formas de violencias se ven en la obligación de emplear mecanismos estratégicos para evitar volver a ser parte de estas situaciones. Estrategias como por ejemplo, cambiar su forma de vestir por el miedo a recibir ofensas y hasta tocaciones impropias sin su consentimiento en la vía pública, no salir solas por la noche, callar y aceptar que les digan "piropos", entre otras.
En un país "democrático e igualitario", las mujeres -y las personas en general- deberían poder actuar a su antojo sin el temor a que las vayan a violentar de alguna forma en particular y que vayan a ser víctimas de hombres que intenten violar sus derechos. Es decir, el vestirse con poca ropa o caminar de alguna forma particular o mostrar partes del cuerpo en ningún lugar es sinónimo de estar "provocando sexualmente" a otra persona, cada uno decide sobre sus comportamientos y éstos son válidos en la medida que no agredan a terceras personas, suena algo lógico pero en las calles no lo es, y la cultura machista ha defendido las conductas agresivas de ciertos hombres y también ha culpabilizado a la mujer. El acoso sexual callejero es una conducta cultural que ha sido aprendida y ampliamente transmitida, y como tal, debiésemos actuar prontamente para modificarlas. Pues, los espacios públicos que ofrece la ciudad deben ser lugares igualitarios, en el sentido que a ninguna persona le corresponde imponer sus deseos personales sobre la otra sin el consentimiento de esta.
Por otro lado, a mi juicio el blog "Mapa del sexismo chileno desde la experiencia cotidiana de estudiantes universitarios" ha sido un espacio para crear conciencia acerca de la problemática del acoso callejero y las repercusiones que trae aparejadas para las mujeres y/o hombres que sufren este tipo de violencia de género. Ha servido como medio de difusión para proporcionar información, crear espacios de reflexión y debatir sobre las prácticas cotidianas de violencia en la calle que hemos sufrido en alguna oportunidad.
Además, en mi caso, me ha servido también para reflexionar sobre cotidianidad de estos actos que muchas veces he preferido pasar por desapercibido por miedo a parecer estar reaccionando de forma muy sobre-exagerada frente a un fenómeno normal o simplemente porque no frente a las agresiones es tanto el grado de vulnerabilidad que he experimentado y que creo experimentan todas quienes lo han sufrido, que me he quedado completamente paralizada sin poder emitir palabras.
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