El día jueves 17, se realizó la bienvenida
a los mechones de la facultad de ciencias sociales e historia de la Universidad
Diego Portales. Estábamos compartiendo alcohol y marihuana con los nuevos
estudiantes que ingresaron a sociología, escuchando música reggaetón principalmente.
Como era de esperarse por reproducción social, ritual o inercia si se quiere,
el reggaetón sumado al alcohol y la buena onda comienza a emerger en la mayoría
las ganas de bailar. Estaba todo sucediendo como era de esperarse y no me extrañaban
las acciones de mis amigos, conocidos y desconocidos, todo era cotidiano. Se
sabe que el reggaetón tiene en su contenido letras sexistas y entendiblemente
cuestionables, que se reproducen a su vez en la forma de bailarlo y por qué no,
en la concepción que se puede tener con respecto a las mujeres o a las formas
de entablar relaciones de todo tipo, pero extrañamente uno no se suele
cuestionar eso todos los días. Esa discusión mantenía en mi mente mientras
estaba borracho y observaba a puntos perdidos, cuando sucedió algo que rompió con
mi sentido común y por ende captó mi atención. Compañeros de la facultad de
ingeniería -que estaban también siendo parte del ritual de bienvenida-
comenzaron a realizar concursos en los que se empezó a distorsionar las
conductas que podrían denominarse cotidianas, como por ejemplo concursos de
bailes en los que la pareja “más jugada” lograría obtener un regalo. Como es
evidente, con el reggaetón la pareja “más jugada”, sería quien más sexualizara
el baile y denigrara a la mujer, provocando incluso que muchos hombres que
presenciaban el acto comenzaran a grabar con sus celulares, morbosamente. En
ese instante con compañeros y compañeras molestos fuimos a reclamar exaltados que
no se hicieran ese tipo de actividades, que si seguían con ese tipo de concursos
íbamos a manejar la situación como nosotros creíamos que era pertinente. Luego
de prometer que no se volvería a realizar un concurso de este tipo y tirarse la
pelota entre los organizadores para excusarse, de un instante a otro comenzó un
nuevo concurso, uno en el que consistía en que el primer hombre en traer el
sostén más sexy sería el ganador de una cerveza, lo que nuevamente provocó la
molestia mía y la de mis compañeros y compañeras. Nuevamente fuimos a encarar a
los muchachos de ingeniería, pero la respuesta fue la misma, el carrete terminó
y todos se fueron, sin cuestionar este tipo de acciones deprimentes y que se
siguen reproduciendo constantemente en fiestas, naturalizado tanto por hombres
y mujeres que consideran y no cuestionan el tipo de sociedad que mantienen y
refuerzan.
“El ventiladors"
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