Debido que me independicé, ingresé a trabajar a una
institución pública del Estado. Dentro
de los pocos meses desde cuando ingresé, sucedió una situación que
desconcertó a toda la institución.
Todos los funcionarios de dicha institución cuentan con un correo
que permite la comunicación formal entre ellos.
Un desconocido usurpó la conversación de dos funcionarias, quienes en
horas de trabajo hablaban –por medio de un chat- conversaciones íntimas sobre
sus encuentros amorosos con compañeros de trabajo.
Las conversaciones fueron enviadas a cada uno de los/as funcionarios/as de la institución, como
también a jefaturas y directivos. Dentro de la conversación se encontraban dos
funcionarios que habían participado en los encuentros amorosos de las
funcionarias.
En la hora de almuerzo,
el correo era la conversación principal. Las conversaciones radicaban en un sólo
punto: ¿Cómo esas mujeres se atrevieron hacer y hablar ese tipo de cosas? ¿Cómo
no se podían aguantar, y para empeorar aún más las cosas lo escriben por chat?. Las mujeres que intentábamos defenderlas no
éramos muy bien miradas, recuerdo que una compañera me dijo lo siguiente: “Eres
mujer, y debes saber que tienes que tener cuidado con ese tipo de cosas, porque
si no lo tienes, ya sabes las consecuencias. Lo más importante, tienes que borrar todos los historiales de conversación”.
A nadie le interesaba la privacidad, el problema no era ese.
El jefe de departamento de informática envío un email a todos los funcionarios
/as enfatizando que “El correo es
institucional, no se puede utilizar para fines personales ya que es dominio de
la institución y por cierto, no olvidar que toda información que se maneje es propiedad
de ella”.
Aquel correo que llegó esa mañana logró sus efectos tarde o
temprano… Las protagonistas principales por una semana no llegaron almorzar al
casino. Una de ellas, pidió permisos y feriados legales para ausentarse .Sin
embargo, los hombres que participaron en aquellas aventuras en el ascensor, en las
oficinas junto a ellas, almorzaban sin
ningún pudor en el casino, no se escondían y caminaban sonrientes con sus
bandejas.
Finalmente la historia termina de manera injusta. Las dos
funcionarias fueron retiradas de sus funciones en la espera de ser re-ubicadas
en alguna dependencia de la misma Institución. Al tiempo después, se supo que
el correo fue enviado por el esposo de una de ellas, claramente sabía cómo
poder perjudicarla… y bueno, ellos en su puesto de trabajo felices como
siempre.
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