23 de marzo de 2016

No olvides borrar los historiales de conversación




Debido que me independicé, ingresé a trabajar a una institución pública del  Estado. Dentro de los pocos meses desde cuando ingresé, sucedió una situación que desconcertó  a toda la institución.
Todos los funcionarios de dicha institución cuentan con un correo que permite la comunicación formal entre ellos.  Un desconocido usurpó la conversación de dos funcionarias, quienes en horas de trabajo hablaban –por medio de un chat- conversaciones íntimas sobre sus encuentros amorosos con compañeros de trabajo.

Las conversaciones fueron enviadas a cada uno de los/as  funcionarios/as de la institución, como también a jefaturas y directivos. Dentro de la conversación se encontraban dos funcionarios que habían participado en los encuentros amorosos de las funcionarias.
En la  hora de almuerzo, el correo era la conversación principal. Las conversaciones radicaban en un sólo punto: ¿Cómo esas mujeres se atrevieron hacer y hablar ese tipo de cosas? ¿Cómo no se podían aguantar, y para empeorar aún más las cosas lo escriben por chat?. Las mujeres que intentábamos defenderlas no éramos muy bien miradas, recuerdo que una compañera me dijo lo siguiente: “Eres mujer, y debes saber que tienes que tener cuidado con ese tipo de cosas, porque si no lo tienes, ya sabes las consecuencias. Lo más importante, tienes que borrar todos los historiales de conversación”.

A nadie le interesaba la privacidad, el problema no era ese. El jefe de departamento de informática envío un email a todos los funcionarios /as enfatizando que “El correo es institucional, no se puede utilizar para fines personales ya que es dominio de la institución y por cierto, no olvidar que toda información que se maneje es propiedad de ella”.
Aquel correo que llegó esa mañana logró sus efectos tarde o temprano… Las protagonistas principales por una semana no llegaron almorzar al casino. Una de ellas, pidió permisos y feriados legales para ausentarse .Sin embargo, los hombres que participaron en  aquellas aventuras en el ascensor, en las oficinas  junto a ellas, almorzaban sin ningún pudor en el casino, no se escondían y caminaban sonrientes con sus bandejas.

Finalmente la historia termina de manera injusta. Las dos funcionarias fueron retiradas de sus funciones en la espera de ser re-ubicadas en alguna dependencia de la misma Institución. Al tiempo después, se supo que el correo fue enviado por el esposo de una de ellas, claramente sabía cómo poder perjudicarla… y bueno, ellos en su puesto de trabajo felices como siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario