Desde que tengo memoria, todos los veranos con mi familia que
incluye tíos, primos, papás, hermanos, e incluso amigos, vamos a una cabaña en
la playa, la cual queda alejada de la “civilización”, por lo cual llevamos
comida y todo lo que necesitamos por la cantidad de días que vamos.
Por lo general las actividades que realizamos son bañarnos en la
playa, comer y por su puesto descansar, ya que no hay televisión, radio,
computador, ni señal de celular.
El primer día que llegamos a la playa, era alrededor de las una de
la tarde, por lo cual todos teníamos mucha hambre, sin embargo no podíamos
almorzar aún, ya que estaba sucia la cabaña, por lo tanto, nos distribuimos las
tareas para terminar más rápido, a las mujeres se les dio la tarea de limpiar
la cabaña y los hombres tenían que bajar los bolsos y verificar si todo estaba
bien (luz, agua, entre otras cosas), este es el primer hecho que encontré
injusto, pero en una primera instancia no lo asocie a sexismo, sino a la
“flojera”, ya que consideraba más pesado limpiar todo, que sólo bajar los bolsos
y verificar el agua y la luz.
Una vez que terminamos los
deberes asignados, ocurrió un segundo hecho sexista inconsciente y por parte de
las mujeres, incluyéndome. Comenzamos a
preparar el almuerzo de manera voluntaria, mientras los hombres estaban
sentados afuera de la cabaña tomando cerveza. La verdad es que a mi no me
entusiasma mucho la idea de cocinar, además estaba casada y “muerta de calor”,
por lo cual comencé a reclamar de por qué los hombres tenían que estar afuera
tomando cerveza y nosotras cocinando, la respuesta que obtuve fue silencio y
luego de un rato, mi mamá me dijo – es que ellos hacen el asado en la
noche-. A mi parecer en ese momento mi
protesta no había sido escuchada, sin embargo el resto de los días las mujeres
de la casa decidieron no cocinar y dejarles la tarea a los hombres, los cuales
bajo una mini protesta decidieron ceder.
Camila.
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