Recuerdo que hace un par de años
invite a una ex pareja a mi casa a un almuerzo organizado por mis padres con el
fin de celebrar el cumpleaños de mi padre. El objetivo de esto era “presentar a
mi pareja a la familia “como si se tratará de un concurso de aprobación.
Eran las de las 2 de la tarde cuando comenzaron
a arribar los invitados a la casa, entre ellos mi hermano, su acompañante y mi
ex pareja. El almuerzo transcurrió con naturalidad, los invitados se fueron y
quedamos los tres miembros del hogar: mi madre, mi padre y yo.
Junto a mis padres comenzamos a
comentar que nos había parecido la jornada. con mi padre coincidimos en que habíamos
pasado un buen momento junto a la familia y que nos alegrábamos que mi hermano
pudiera haber asistido a pesar de que siempre se encuentra ocupado y dispone de
poco tiempo libre por su trabajo. Mi madre en este punto de la conversación aprovecho
de hacernos un comentario acerca de la pareja de mi hermano, dentro de su
discurso destaco la gran iniciativa y su constante ayuda que esta le presto en
la atención de los invitados. En ese momento aproveche de preguntarle a mi madre
su opinión sobre mi ex pareja, a lo cual ella contesto “es media flojita para
ser niña”.
En mi afán por explicarle la causa de esto, le
reproché que al igual que las otras personas ella era una invitada más y que
por mi parte había intentado ayudar en todo lo que pude con el fin de poder
alivianar el trabajo que implica organizar una celebración con invitados. A lo
que ella me respondió “pero es que tú no eres mujer, esas tareas no te
corresponden a ti, imagínate si llegan a vivir juntos algún día”. En ese momento
le argumente que su juicio resultaba bastante machista, puesto que seguramente
ella misma había sufrido algún episodio similar a lo largo de su vida que reproducía
este mismo tipo de machismo y que resultaba injusto mantener estas diferencias.
Ella sin duda lo comprendió y zanjamos el tema.
Meursault
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