Hace
poco estuve saliendo con alguien y esta persona era una feminista empedernida. Trabajábamos
en el mismo lugar y usualmente la molestábamos con el tema, haciendo los típicos
comentarios machistas; que las mujeres tenían que trabajar en la cocina no como
garzona (ella era garzona), que las mujeres tenían que obedecer lo que su
pareja les ordenaba, etc. Obviamente esos comentarios los hacíamos a propósito
y para molestarla, porque ella se enojaba y bastante. Fuera del lugar del
trabajo el tema persistía harto pero ya sin que fuese algo intencional. La primera
vez que fuimos a mi casa abrí la puerta y
le hice una seña para que ella pasara primero, ella puso una cara de molestia y
me dijo que no, que pasara yo primero. Me llamó harto la atención que fuese
tanto el tema y le dije que no lo hacía porque ella fuese mujer sino que simplemente
por una cuestión de costumbre o modales, que de haber sido un amigo hubiese
tenido el mismo gesto. Me encontró la razón y pasó primero pero casi a regañadientes.
Después tocó subir las escaleras, y nuevamente lo mismo. Hice el mismo gesto
para que pasara primero pero esta vez me di cuenta inmediatamente que fue “un
error”, por lo que había pasado en la puerta. Eso sí, esta vez ella no dijo
nada y simplemente subió. El tema fue que con el tiempo este tipo de situaciones
eran un tema porque cosas simples y cotidianas podían llegar a ser un tema de discusión
sin que debieran tener tanta importancia, por lo menos como lo veía yo.
Cualquier gesto, en ciertas circunstancias por supuesto, era tomado como algo
sexista o como machista, lo que me parecía bastante exagerado, o quizá yo
estaba mal y ella estaba en todo su derecho al recalcarlo y no dejarlo pasar.
- Yesler
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