23 de marzo de 2016

Sin minas no hay liceo

            Siempre pensé, al momento de dar el salto de establecimiento desde la educación básica hacia media (cambiándome de recinto, dado que el primero sólo impartía hasta octavo básico)  que mi nuevo establecimiento sería completamente diferente, dado que este solo era de hombres.
            Esta diferencia la comprendía como algo negativo, siempre pensé durante octavo básico que el liceo en cuestión (al cual sabía que iba a ingresar) tendría todos los estereotipos y rumores que se decían durante mi estancia en octavo básico, tales como “¿y sabiai que le pegan a los maricones?”, “tengo un amigo que desde que entró que no habla con una mina” “no te vayai pa allá, nunca vas a ver minas”, entre muchos otros que se repetían y otros nuevos que se agregaban a la lista de rumores que tienen los liceos de un solo sexo, o al menos, los que yo escuchaba en mi colegio.
            Llegó el día, primer día hábil de marzo y yo tenía que ir a mi primer día de clases en el liceo, todo bien, todo normal, una primera semana súper activa y conocí e hice amigos rápidamente, pero yo seguía atento, quería ver esos rumores del colegio en los pasillos, quería ser testigo de todas las cosas que se decían durante octavo, estaba bien expectante para ser sincero en todo eso, porque me dijeron características del liceo que quería evidenciar y ser testigo. Pasaron los meses y se me olvidaron todos esos rumores y dichos de octavo básico, hasta que en cuarto medio, dentro de la añoranza que se da por ser la última etapa, comentaba con mis compañeros todo lo que decían del liceo antes de entrar, y compartíamos los prejuicios que nos decían por entrar a un liceo de hombres cuando éramos chicos. Recién en ese entonces entendí que el liceo de hombres estaba muchísimo menos cargado de prejuicios que uno mixto, sin decir que no existían incidentes de bullying hacia cierto tipo de personas, sin decir que no se veían hechos homofóbicos, pero no era la realidad extrema que me dijeron en el colegio, entendí que la carga que tenían esos comentarios era totalmente sin fundamentos, tanto de mis compañeras y compañeros, trascendía genero, tenían los mismo prejuicios, nunca se cumplieron los dichos de mis compañeros/ras, nunca los vi en el nivel que me comentaban, entendí que mi colegio mixto tenía prejuicios más extremos, dado que aunque en uno de hombres la competencia por la masculinidad es evidente, durante el colegio en el que estaba al menos, era aun mayor, por el hecho de tener que demostrarlo directamente con las compañeras que convivíamos día a día en clases, por el hecho de que mis propias compañeras nos inculcaban estereotipos masculinos que debías tener, como por ejemplo “ustedes tienen que defendernos”, se palpitaba siempre, uno se preocupaba de lo que hacía y como lo hacía para no estar en boca de los demás, mientras que en el liceo éramos compañeros, fuimos hermanos.

Jorge.

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