Siempre pensé, al
momento de dar el salto de establecimiento desde la educación básica hacia media
(cambiándome de recinto, dado que el primero sólo impartía hasta octavo
básico) que mi nuevo establecimiento sería
completamente diferente, dado que este solo era de hombres.
Esta diferencia la comprendía como algo negativo, siempre
pensé durante octavo básico que el liceo en cuestión (al cual sabía que iba a
ingresar) tendría todos los estereotipos y rumores que se decían durante mi estancia
en octavo básico, tales como “¿y sabiai que le pegan a los maricones?”, “tengo
un amigo que desde que entró que no habla con una mina” “no te vayai pa allá,
nunca vas a ver minas”, entre muchos otros que se repetían y otros nuevos que
se agregaban a la lista de rumores que tienen los liceos de un solo sexo, o al
menos, los que yo escuchaba en mi colegio.
Llegó el día, primer día hábil de marzo y yo tenía que ir
a mi primer día de clases en el liceo, todo bien, todo normal, una primera
semana súper activa y conocí e hice amigos rápidamente, pero yo seguía atento, quería
ver esos rumores del colegio en los pasillos, quería ser testigo de todas las
cosas que se decían durante octavo, estaba bien expectante para ser sincero en
todo eso, porque me dijeron características del liceo que quería evidenciar y
ser testigo. Pasaron los meses y se me olvidaron todos esos rumores y dichos de
octavo básico, hasta que en cuarto medio, dentro de la añoranza que se da por
ser la última etapa, comentaba con mis compañeros todo lo que decían del liceo
antes de entrar, y compartíamos los prejuicios que nos decían por entrar a un
liceo de hombres cuando éramos chicos. Recién en ese entonces entendí que el
liceo de hombres estaba muchísimo menos cargado de prejuicios que uno mixto,
sin decir que no existían incidentes de bullying hacia cierto tipo de personas,
sin decir que no se veían hechos homofóbicos, pero no era la realidad extrema
que me dijeron en el colegio, entendí que la carga que tenían esos comentarios
era totalmente sin fundamentos, tanto de mis compañeras y compañeros, trascendía
genero, tenían los mismo prejuicios, nunca se cumplieron los dichos de mis
compañeros/ras, nunca los vi en el nivel que me comentaban, entendí que mi
colegio mixto tenía prejuicios más extremos, dado que aunque en uno de hombres
la competencia por la masculinidad es evidente, durante el colegio en el que
estaba al menos, era aun mayor, por el hecho de tener que demostrarlo
directamente con las compañeras que convivíamos día a día en clases, por el
hecho de que mis propias compañeras nos inculcaban estereotipos masculinos que debías
tener, como por ejemplo “ustedes tienen que defendernos”, se palpitaba siempre,
uno se preocupaba de lo que hacía y como lo hacía para no estar en boca de los demás,
mientras que en el liceo éramos compañeros, fuimos hermanos.
Jorge.
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