20 de abril de 2016

De la provincia a la capital

Si bien esto no es una situación en que yo me haya visto involucrada, sí es algo que paso en un entorno muy cercano a mí y que me llamo fuertemente la atención; tengo unos primos de provincia que cada uno a medida que han salido del colegio se han venido a vivir a Santiago para estudiar en la universidad, siendo esto algo que comúnmente pasa entre sus amigos y conocidos de la zona. El mayor, al cual llamaremos Jorge,  se vino a vivir hace cuatro años al departamento de mi abuela, Vivían los dos solos, y mi abuela chocha por un lado al tener compañía, y por el otro porque uno de sus nietos favoritos (el hombre y mayor) vivía con ella, su orgullo máximo.
Jorge obviamente no movía pata, ya que mi abuela le hacia todo lo que alguien pudiera desear, reestrenando su ingreso a la cocina que había abandonado hace tanto tiempo; desayuno a la cama todos los días, almuerzos y comidas a la carta, y para que hablar de la hora del té, llegábamos con mi hermana todos los días que podíamos para aprovechar las delicias que mi abuela le cocinaba.
Al año siguiente, llega a vivir mi prima, la que llamaremos Ignacia, y se van los dos solos a vivir a un departamento. Un día, mi hermana, la Ignacia y yo íbamos a hacer algo en la tarde, pero la Ignacia nos llama porque se había atrasado ordenando unas cosas del departamento, así que le dijimos que íbamos a ir para ayudarla. Cuando llegamos, nos encontramos con mi prima haciéndole la cama a Jorge,  después de haberle pasado la aspiradora a su pieza,  y me pide a mí y a mi hermana si por favor podemos recoger el pijama de él que había dejado tirado en el baño para meterlo a la lavadora y llevar infinitos platos y vasos que estaban en su pieza a la cocina.
La verdad es que personalmente no me hubiera importado ordenar todas esas cosas, pero le pregunte a mi prima porqué estaba ordenando todas las cosas Jorge si era su pieza y me dijo que a él no le gustaba ordenar y que en realidad a ella no le costaba nada hacerlo.
A muchas personas nos cuesta hacer muchas cosas, pero tenemos que hacerlas igual; por un lado mi primo acostumbrado a una familia en que las mayores perpetuadoras del machismo son mis primas y tía, acostumbrándolo a ser atendido y no realizar labores del hogar. Por otro lado, mi prima jamás se hubiera cuestionado hacer eso si yo o mi hermana no le decíamos que nada que ver. Todo esto demuestra que es algo que está tan en la inconsciencia,  que es algo que difícilmente se podría erradicar totalmente, y que trae una difícil tarea por parte de todos.

Galaxia.

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