20 de abril de 2016

Deporte para niñas

Un día lunes de hace algunas semanas atrás, vinieron mis abuelos a visitarme a Santiago. Usualmente siempre cuando vienen llegan a la hora de tomar once, por lo cual se volvió una costumbre que cada vez que vinieran yo y mi hermana, los esperáramos con la mesa puesta y cosas ricas para comer. 
Una vez sentados en la mesa conversamos de cómo nos estaba yendo en la Universidad, ambas dijimos que bien y contamos respectivamente  sobre lo que teníamos que hacer durante la semana, es decir, pruebas, trabajos, ensayos, prácticas, entre otros. Después de un rato, yo me queje acerca de que me dolía todo el cuerpo producto de que ahora hacía deporte en la Universidad, en ese minuto yo sentí que nadie me prestó atención, debido a que ninguno de los que estábamos sentados dijo algún comentario. Sin embargo, al otro día cuando llegue de clases mi abuela me tenía un regalo… muy ansiosa lo abrí, y era ropa deportiva, la mire y me dijo -para que vayas linda a tus clases de gimnasia-, yo me reí y le dije – gracias abuela, pero no tengo clases de gimnasia, tengo clases de aerobox. Al parecer cuando ella escucho la palabra “box” lo asoció con boxeo y dijo rápidamente, -pero camilita cómo vas a estar haciendo esos deportes de hombres, puedes salir lastimada  o quizás tu cuerpo se empieza a deformar y quedas como esos hombres que boxean en la tele-. En primera instancia la respuesta que le di fue que no era un deporte de hombres, ya que quería aclararle que el boxeo podían también participar mujeres, no obstante ella siguió reforzando su idea. Cuando entendí que ella no cambiaría su opinión, le expliqué que en realidad el aerobox no es igual al boxeo, que las clases las hacíamos con música y que no había que pegarle a nadie, incluso habían más mujeres que hombres, una vez que escucho eso se quedo tranquila y me dijo – eso sí es para niñitas-.

Camila.

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