Era un día de verano hace unos cuantos años, salí de mi casa alrededor de
las 3:00 de la tarde, por lo que me vestí como cualquier persona en verano, con
menos ropa y más "destapada", quede de juntarme con unxs amigxs a
tomar unas cervezas en el centro de Santiago. Luego de haber bebido un par de
cervezas en un bar, conversando sobre la vida, fumando unos cigarros y otras
cuantas cosas, nos fuimos, era relativamente tarde, tipo 22:00. En
ese tiempo yo vivía en la "Villa Santa Adela", en la comuna de
Cerrillos, me demoraba bastante en llegar desde el centro a ese lugar. Tome la
micro en la moneda, justo me dejaba al inicio de la Villa. La mitad del camino
me fui sentada sola, cuando ya llevaba un poco más de la mitad del trayecto, un
señor se subió a la micro y me pidió permiso para sentarse a mi lado, yo le
sonreí amablemente y le dije "por supuesto", yo estaba al lado del
pasillo por lo que él se sentó hacia la ventana y me dio las gracias. Debe
haber tenido unos 40 años o más, parecía que iba del trabajo a su
casa y se veía un poco cansado, recuerdo que andaba con su maletín y
todo. En el camino cruzamos un par de palabras, comentamos el clima, nada fuera
de las típicas conversaciones banales de micro. Cuando llega el momento de
bajar me despido del señor con simpatía, me
había parecido muy agradable y gentil. Ya abajo mire hacia
la micro y veo que este señor que se sentó a mi lado, se estaba masturbando, me
muestra su miembro y me grita "para uste' cosita". Lo único que pude
hacer fue correr hacia la casa, estaba como en shock, sentía mucho asco, solo
deseaba ducharme y sacarme esa sensación del cuerpo. Pensar que se había
masturbado todo el camino, que mientras cruzábamos palabras quizás que estaba
haciendo, quizás cuanto tiempo estuvo haciendo eso mientras se cubría con su
bolso. Al llegar a la casa le conté lo sucedido a mi abuela, ella me dice
"que tanto alegas si yo te digo que tú debes salir más tapa’";
"además una señorita no anda sola a esta hora y menos con olor a
cerveza". Comencé a discutirle la situación, la impotencia era mucha
al no poder hacer entender a una señora de 80 años que estas
situaciones no eran culpa de como anduviese vestida, era absurdo
seguir discutiendo, no llegaría a ningún acuerdo, formaba parte de
otra generación que estaba permeada por actitudes machistas.
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