El sábado recién pasado, a eso de
las 19:00 hrs nos pasó a buscar Pablo a la casa, a mi hermano y a mi para ir a
jugar bowling, posterior a eso pasamos a buscar a la Fran a su casa, porque era
una competencia entre hombres y mujeres. Esto significaba que la suma de mis
puntos con los de la Fran hacían un total, y en el caso de los hombres era lo
mismo. Sin embargo, se generaron una serie de problemas de camino al lugar,
primero se empezó a debatir que no era una competencia entre iguales porque las
mujeres somos débiles, entonces lo más sensato era que se hicieran parejas
mixtas, argumentaba un amigo. A esto respondí que la desigualdad se iba a
determinar por el hecho de que no todxs habían jugado bowling y que no tiene
que ver con el género y me piqué y le dije que lo dejáramos así, que la
cuestión es un juego y hay que pasarlo bien pero que de todas formas íbamos a
ganar.
Llegamos al lugar y empezó el
juego, cuando fue mi turno, Pablo comenzó a darme consejos sobre cómo tirar la
bola para que pudiese botar al menos un palitroque. Claramente no lo tomé en
cuenta, caminé por la pista y lancé, para mi sorpresa y la de lxs demás, hice
una chuza (boté todos los palos). Cuando me dí vuelta, Pablo se estaba
agarrando la cara, no lo podía creer, todo lo que había discutido en el camino
se cayó de golpe. A lo que dije riendo “nunca hay que subestimar a la gente y
menos a las mujeres.” Seguimos jugando y
de ahí en adelante fue todo muy normal. El resultado del juego quedó en que las
mujeres perdimos por 5 puntos v/s los hombres que ganaron, pero lo más
importante de todo es que Pablo asumió que cometió un error y que efectivamente
el problema estaba en la inexperiencia del juego y no por el hecho de ser
hombre o mujer.
Tanzania
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